Quien crédulo se enciende

En fervoroso y celestial cariño,

Envuelta en sus flotantes vestiduras

Volaba á las alturas,

Virgen sin mancha, mi oración de niño.

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Su rauda, viva y luminosa huella

Como fugaz centella

Traspasaba el espacio, y ante el puro

Resplandor de sus alas de querube,