Tan sólo á dos excelsas majestades

Puedo, sin mengua, levantar mi canto;

La Verdad y el Dolor.

En estas horas

De febril inquietud, ¿quién, Patria mía,

Merece como tú la pobre ofrenda

De mi respeto y de mi amor? Postrada

En los escombros de tu antigua gloria,

La negra adversidad, con férrea mano,

Comprime los latidos de tu pecho