Y el aire que respiras envenena.

Como tigre feroz clavó sus garras

La catástrofe en ti, y en tus heridas

Entrañas sacia su voraz instinto.

¿Quién, al mirar tus lástimas, no llora?

¿Puede haber hombre tan perverso y duro,

Ni aun concebido en crapulosa orgía

Por hembra impura, que impasible vea

Morir sin fe, desesperado y solo,

Al dulce bien que le llevó en su seno?