¡No existe, no!

Perdona si movido

Por la ciega pasión, allá en lejanos

Y borrascosos días, cuando airada

Mi voz como fatídico anatema

Tronó en la tempestad, quizás injusto

Contigo pude ser. Pero hoy, que sufres,

Hoy que, Job de la Historia, te retuerces

En tu lecho de angustia, arrepentido

Y llena el alma de mortal congoja,