Poblara inmensa gente!

¡La nación cuyo imperio se extendía

Del ocaso al oriente!

[(p. 76, li. 19-22)]

¡Oh tú, que duermes en casto lecho,

De sinsabores ajeno el pecho,

Y á los encantos de la hermosura

Unes las gracias del corazón,

Deja el descanso, doncella pura,