Y mirando con ojos sorprendidos,
Hallé los de mi esposa humedecidos
Por inefable gozo...
«No la despiertes,» díjome sencilla,
Y me acercó su cándida mejilla.
DON JOSÉ MARÍA GARAVITO A.
VOLVERÉ MAÑANA
I
—¡Adiós! ¡adiós! Lucero de mis noches,
Y mirando con ojos sorprendidos,
Hallé los de mi esposa humedecidos
Por inefable gozo...
«No la despiertes,» díjome sencilla,
Y me acercó su cándida mejilla.
VOLVERÉ MAÑANA
I
—¡Adiós! ¡adiós! Lucero de mis noches,