—Dijo un soldado al pie de una ventana,—

¡Me voy!... pero no llores, alma mía,

Que volveré mañana.

Ya se asoma la estrella de la aurora,

Ya se divisa en el oriente el alba,

Y en mi cuartel tambores y cornetas

Están tocando diana.

II

Horas después, cuando la negra noche

Cubrió de luto el campo de batalla,