Con su manto benéfico el olvido
Tu insensatez oculta y tus furores
Á la raza presente y la futura.
Esta inmensa estructura
Vió á la superstición más inhumana
En ella entronizarse. Oyó los gritos
De agonizantes víctimas, en tanto
Que el sacerdote, sin piedad ni espanto,
Les arrancaba el corazón sangriento;
Miró el vapor espeso de la sangre