Tiembla y horrorizado retrocede.

Ya no hay más combatir. El enemigo

El campo todo y la victoria cede.

Huye cual ciervo herido; y á donde huye

Allí encuentra la muerte. Los caballos

Que fueron su esperanza en la pelea,

Heridos, espantados, por el campo

Ó entre las filas vagan, salpicando

El suelo en sangre que su crin gotea;

Derriban al jinete, lo atropellan,