Y las catervas van despavoridas,
Ó unas en otras con terror se estrellan.
Crece la confusión, crece el espanto,
Y al impulso del aire, que vibrando
Sube en clamores y alaridos lleno,
Tremen las cumbres que respeta el trueno.
Y discurriendo el vencedor en tanto
Por cimas de cadáveres y heridos,
Postra al que huye, perdona á los rendidos.
¡Padre del universo, sol radioso,