Y alegres sueñan en tan dulces lazos:

Él, que cruza sereno entre las balas;

Ella, que arrulla un niño entre sus brazos.

Puesto al hombro el fusil de hoja de lata,

El kepis de papel sobre la frente,

Alienta al niño en su inocencia grata

El orgullo viril de ser valiente.

Quizá piensa, en sus juegos infantiles,

Que en este mundo que su afán recrea,

Son como el suyo todos los fusiles