Al dirigirme a su casa, podía contemplar a la distancia las nevadas cordilleras de los Andes, a cuyo pie está el memorable campo de Chacabuco; y mi vista se perdía en la vasta llanura del valle de Maipú y los caminos que desde él conducen al Sur de Chile, donde Las Heras, siguiendo las huellas de San Martín, se había ilustrado en grandes batallas y combates.



Lleno de estas ideas, de esos recuerdos y de este espectáculo grandioso, llegué a su antigua casa de familia, cuya arquitectura pertenece a la época colonial. Era singular que quien más había contribuído a destruir aquel régimen con su espada, hubiese encontrado en medio de tantas ruinas como hizo en ella, un viejo techo con el sello de la[419] dominación española, donde abrigar su cabeza en el invierno de la vida....

Es el Bayardo de la República Argentina, el[420] militar sin miedo y sin reproche, decano del ejército argentino por su edad, por sus servicios y por sus elevadas cualidades morales.

En su avanzada edad y a pesar de las dolencias que le aquejaban, conservaba aún cuando le vi por la última vez en Chile, en 1850, toda la arrogancia del soldado, y el reflejo de la belleza varonil de sus heroicos años. Su talla es alta y erguida, su ojo negro, profundo y chispeante, respira la firmeza y la bondad, y en sus maneras se nota algo de la habitud del mando, unido a la exquisita cortesanía de los hombres de su tiempo. En aquella época le vi una vez de grande uniforme en medio del Estado Mayor de Chile, y su imponente figura militar eclipsaba a todos, llamando sobre él la atención del pueblo, que veía en él al representante de sus más queridas glorias.

El general Las Heras no necesita apelar a la posteridad para esperar justicia y afirmar la corona sobre sus sienes. El juicio que el pueblo sólo pronuncia en los funerales de sus héroes, ha sido pronunciado ya, para honor y gloria de él y de su patria, por los hijos de la heroica generación a que perteneció, que es la posteridad a que apelaba San Martín, su ilustre maestro y compañero de gloria.

DON JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN
V. F. López