No. X.—See vol. ii. p. 300.

EXTRACT FROM OVIEDO’S “HISTORIA DE LAS INDIAS,” MS., LIB. XXXIII. CAP. XLVI

[This chapter, which has furnished me with many particulars for the narrative, contains a minute account of Montezuma’s household and way of life, gathered by the writer, as he tells us, from the testimony of different individuals of credit, who had the best means of information. It affords a good specimen of the historian’s manner, and may have interest to the Castilian scholar, since the original has never been published, and, to judge from appearances, is not likely to be so.]

Quando este gran Príncipe Montezuma comia, estaba en una gran sala encalada é mui pintada de pinturas diversas; allí tenia enanos é chocarreros que le decian gracias é donaires, é otros que jugaban con vn palo puesto sobre los pies grande, é le traian é meneaban, con tanta facilidad é ligereza, que parecia cosa imposible; e otros hacian otros juegos é cosas de mucho para se admirar los hombres. A la puerta de la sala estaba vn patio mui grande, en que habia cien aposentos de 25 ó 30 pies de largo, cada uno sobre sí, en torno de dicho patío, é allí estaban los Señores principales aposentados como guardas del palacio ordinarias, y estos tales aposentos se llaman galpones, los quales á la contina ocupan mas de 600 hombres, que jamas se quitaban de allí, é cada vno de aquellos tenian mas de 30 servidores, de manera que á lo menos nunca faltaban 3000 hombres de guerra en esta guarda cotidiana del palacio. Quando queria comer aquel príncipe grande, daban le agua á manos sus Mugeres, é salian allí hasta 20 dellas las mas queridas é mas hermosas é estaban en pie en tanto que él comia; É traíale vn Mayordomo ó Maestre-sala 3000 platos ó mas de diversos manjares de gallinas, codornices, palomas, tórtolas, é otras aves, é algunos platos de muchachos tiernos guisados á su modo, é todo mui lleno de axi, é el comia de lo que las mugeres le trahian ó queria. Despues que habia acabado de comer se tornaba à labar las manos, é las Mugeres se iban á su aposento dellas, donde eran mui bien servidas; É luego ante el señor allegábanse á sus burlas é gracias aquellos chocarreros é donosos, é mandaba les dar de comer sentados á vn cabo de la sala; é todo lo restante de la comida mandaba dar á la otra gente que se ha dicho que estaban en aquel gran patio; y luego venian 3000 Xicalos i cantaros ó ánforas de brevage, é despues que el señor habia comido ó bebido, é labádose las manos, íbanse las Mugeres, é acabadas de salir de la sala, entraban los negociantes de muchas partes, así de la misma cibdad como de sus señoríos; é los que le habian de hablar incábanse de rodillas quatro varas de medir ó mas, apartados dél é descalzos, é sin manta de algodon que algo valiese; é sin mirarle á la cara decian su razonamiento; é él proveia lo que le parecia; é aquellos se levantaban é tornaban atrás retraiéndose sin volver las espaldas vn buen tiro de piedra, como lo acostumbraban hacer los Moros de Granada delante de sus señores é príncipes. Allí habia muchos jugadores de diversos juegos, en especial con vnos fesoles á manera de habas, é apuntadas como dados, que es cosa de ver; é juegan cuanto tienen los que son Tahures entrellos. Ivan los Españoles á ver á Montezuma, é mandábales dar duchos, que son vnos banquillos ó escabeles, en que se sentasen, mui lindamente labrados, é de gentil madera, é decíanles que querian, que lo pidiesen é dárselo han. Su persona era de pocas carnes, pero de buena gracia é afabil, é tenia cinco ó seis pelos en la barba tan luengos como un geme. Si le parecia buena alguna ropa que el Español tubiese, pedíasela, é si se la dada liberalmente sin le pedir nada por ella, luego se la cobria é la miraba mui particularmente é con placer la loaba; mas si le pedian precio por ella hacíalo dar luego, é tomaba la ropa é tornábasela á dar á los christianos sin se la cobrir é como descontento de la mala crianza dél que pedia el precio, decia: Para mí no ha de haber precio alguno, porque yo soy señor, é no me han de pedir nada deso; que yo lo daré sin que me den alguna cosa; que es mui gran afrenta poner precio de ninguna cosa á los que son señores, ni ser ellos Mercaderes. Con esto concuerdan las palabras que de Scipion Africano, que de sí decian aquella contienda de prestancia, que escrive Luciano, entre los tres capitanes mas excelentes de los antiguos, que son Alexandro Magno, é Anibal, é Scipion: Desde que nascí, ni vendí ni compré cosa ninguna. Así que decia Montezuma quando así le pedian prescio: Otro dia no te pediré cosa alguna, porque me has hecho mercader; vete con Dios á tu casa, é lo que obieses menester pídelo, é dársete ha: É no tornes acá, que no soy amigo desos tratos, ni de los que en ellos entienden, para mas de dexárselos vsar con otros hombres en mi Señorío. Tenia Montezuma mas de 3000 señores que le eran subgetos, é aquellos tenian muchos vasallos cada uno dellos; É cada qual tenia casa principal en Temixtitan, é habia de residir en ella ciertos meses del año; É quando se habian de ir á su tierra con licencia de Montezuma, habia de quedar en la casa su hijo ó hermano hasta quel señor della tornase. Esto hacia Montezuma por tener su tierra segura, é que ninguno se le alzase sin ser sentido. Tenia vna seña, que trahian sus Almoxarifes é Mensageros quando recogian los tributos, é él que erraba lo mataban á él é á quantos dél venian. Dábanle sus vasallos en tributo ordinario de tres hijos uno, é él que no tenia hijos habia de dar vn Indio ó India para sacrificar á sus Dioses, é sino lo daban, habian de sacrificarle á él: Dábanle tres hanegas de mahiz vna, é de todo lo que grangeaban, ó comian, ó bebian; En fin, de todo se le daba el tercio; É él que desto faltaba pagaba con la cabeza. En cada pueblo tenian Mayordomo con sus libros del número de la gente é de todo lo demas asentado por tales figuras é caracteres quellos se entendian sin discrepancia, como entre nosotros con nuestras letras se entenderia vna cuenta mui bien ordenada. É aquellos particulares Mayordomos daban quenta á aquellos que residian en Temixtitan, é tenian sus alholíes é magazenes é depósitos donde se recogian los tributos, é oficiales para ello, é ponian en cárceles los que á su tiempo no pagaban, é dábanles término para la paga, é aquel pasado é no pagado, justiciaban al tal deudor, ó le hacian esclavo.

. . . . . . .

Dexemos esta materia, é volvamos á este gran Príncipe Montezuma, el qual en vna gran sala de 150 pies de largo, é de 50 de ancho, de grandes vigas é postes de madera que lo sostenian, encima de la qual, era todo vn terrado é azutea, é tenia dentro desta sala muchos géneros de aves, é de animales. Havia 50 águilas caudales en jaolas, tigres, lobos, culebras, tan gruesas como la pierna, de mucho espanto, é en sus jaolas así mismo, é allí se les llevaba la sangre de los hombres é mugeres é niños que sacrificaban, é cebaban con ella aquellas bestias; é habia vn suelo hecho de la mesma sangre humana en toda la dicha sala, é si se metia vn palo ó vara temblaba el suelo. En entrando por la sala, el hedor era mucho é aborrecible é asqueroso; las culebras daban grandes é horribles silvos, é los gemidos é tonos de los otros animales allí presos era una melodia infernal, é para poner espanto; tenian 500 gallinas de racion cada dia para la sustentacion desos animales. En medio de aquella sala habia vna capilla á manera de vn horno grande, é por encima chapada de las minas de oro é plata é piedras de muchas maneras, como ágatas é cornesinas, nides, topacios, planas desmeraldas, é de otras suertes muchas é mui bien engastadas. Allí entraba Montezuma é se retrahia á hablar con el Diablo, al qual nombraban Atezcatepoca, que aquella gente tienen por Dios de la guerra, y él les daba á entender, que era Señor y criador de todo, y que en su mano era el vencer; é los Indios en sus arreitos y cantares é hablas le dan gracias y lo invocan en sus necesidades. En aquel patio é sala habia continuamente 5000 hombres pintados de cierto betun ó tinta, los quales no llegan á mugeres é son castos; llámanlos papas, é aquestos son religiosos.

. . . . . . .

Tenia Montezuma vna casa mui grande en que estaban sus Mugeres, que eran mas de 4000 hijas de señores, que se las daban para ser sus Mugeres, é él lo mandaba hacer así; é las tenia mui guardadas y servidas; y algunas veces él daba algunas dellas á quien queria favorecer y honrar de sus principales: Ellos las recibian como vn don grandísimo. Habia en su casa muchos jardines é 100 vaños, ó mas, como los que vsan los Moros, que siempre estaban calientes, en que se bañaban aquellas sus Mugeres, las quales tenian sus guardas, é otras mugeres como Prioras que las governaban: É á estas mayores, que eran ancianas, acataban como á Madres, y ellas las trataban como á hijas. Tuvo su padre de Montezuma 150 hijos é hijas, de los quales los mas mató Montezuma, y las hermanas casó muchas dellas con quien le pareció; y él tubo 50 hijos y hijas, ó mas; y acaeció algunas veces tener 50 mugeres preñadas, y las mas dellas mataban las criaturas en el cuerpo, porque así dicen que se lo mandaba el Diablo, que hablaba con ellas y decíales que se sacrificasen ellas las orejas y las lenguas y sus naturas, é se sacasen mucha sangre é se la ofreciesen, é así lo hacian en efeto. Parecia la casa de Montezuma vna cibdad mui poblada. Tenia sus porteros en cada puerta. Tenia 20 puertas de servicio; entraban muchas calles de agua á ellas, por las quales entraban é salian las canoas con mahiz, é otros bastimentos, é leña. Entraba en esta casa vn caño de agua dulce, que venia de dos leguas de allí, por encima de vna calzada de piedra, que venia de vna fuente, que se dice chapictepeque, que nace en vn peñón, que está en la Laguna salada, de mui excelente agua.

No. XI.—See vol. iii. p. 90, et alibi

DIALOGUE OF OVIEDO WITH DON THOAN CANO, AP. “HISTORIA DE LAS INDIAS,” MS., LIB. XXXIII. CAP. LIV.