Brum. Bien dice éste, que yo en propósito me lo tenía sin eso y con eso, irme de aquí, que por Sancta María, mal ojo me echa Beliseno cada vez que me topa; quiero vivir á mi contento y quitarme de revueltas, que más quiero vaca en paz que pollos con agraz.

Olig. ¿No te determinas?

Brum. Nada me mueves por esa via, ¿no te he dicho que no temo á hombre nacido ni al diablo que sea? Soy exento en ese caso; públicamente, si se me antoja, sacaré á Roselia por medio de su casa y la entregaré en las manos de Lisandro, y que nadie me lo pida. Si se ha de hacer es porque de este hurto se nos seguirá mucho provecho y interes, que vivir y no medrar es gran pesar. Yo te digo que si topamos con el cofre do tiene muchas piezas y joyas de oro que ha ganado por este su oficio, que saldrémos de mal año y mudarémos el pelo, que quien no se aventura no há ventura.

Olig. Estése, pues, la cosa así y disimúlese, verémos si le da más Lisandro, y tú no dejes de mirar los rincones de casa, no tenga por dicha escondido algun dinero que no sepamos.

Brum. Déxame el cargo, y agora vamos, pidiréle dos reales para comer, que seis que me dió estotra que tengo en la putería acabo de perder á los dados de un mal azar.

Olig. En ninguna manera le mientes la medalla, porque descuide, ántes te aven con ella amorosamente.

Brum. Bien; aunque no es de mi condicion, ni me pagué jamas de esos dobleces mostrar amistad do no la hay. Que no ménos virtud me parece el hombre ser siempre claro enemigo, que en el debido tiempo al amigo ofrecido mostrar su verdadera amistad. Pero tornando á otro propósito, señor mio Oligides, bien ves dónde estamos.

Olig. Sí.

Brum. Por el bravo y venenoso Cancerbero, que debajo de este arco de los Milagros rebané á dos las cabezas á cercen diez años há, como quien rebana dos cohombros, que el diablo los puso junctos y los hizo iguales.

Olig. Tanto há y más que estoy en este pueblo y nunca tal oí.