Brum. Anda allá y serás testigo de su muerte.
Olig. Mas hagamos otra cosa, si te parece.
Brum. Di.
Olig. Bien sabes que esta vieja es cobdiciosa y avarienta.
Brum. Sí sé.
Olig. Y que primero le sacarás la vida que la medalla.
Brum. Mucho bien.
Olig. Luégo, ¿qué mejor hecho romano quieres hacer que robarla una noche? y si tú partes comigo, yo daré industria para ello, que si la matas perderás la medalla y por ventura la vida.
Brum. De eso no se hable, que solo Dios es bastante á quitármela, otro no; pero de esotro estoy en ello, y me parece bien, y de mi consejo hágase luégo, no se dilate.
Olig. Hágote saber que bien mirado cumple que lo hagamos, porque estos amores de Lisandro son peligrosos, y creo que por bien que libremos todos, así sus criados, como los que dieron causa á ello, no escaparémos ó de degollados ó muertos de los parientes de ella, que son de los principales de la ciudad, ó desterrados perpétuamente con alguna mutilacion de miembros, y pues hemos de huir, bien es que llevemos las bolsas aforradas á costa de aquella que ha seido causa de tantos males en esta vida.