Yendo Oligides á dar la carta á Celestina, encuentra con Brumandilon, que va muy denodado á matar á Celestina porque no le dió parte de la medalla. Conciértanse entrambos de robar á Celestina y huir temiendo el mal fin que de los amores de Lisandro se espera, porque Beliseno anda muy sobre el aviso. Llegados á casa de Celestina, asegúranla con palabras lo mejor que pueden, vase Celestina á llevar la carta, quedan Oligides y Brumandilon en casa con las dos sobrinas.
LISANDRO. — OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA. — DRIONEA. — LIBIA. — CAPELLAN.
Lis. Mozos, levantaos y llevad esta carta á Celestina.
Olig. Nunca por mucho madrugar amanece más ayna; ¿no ves, señor, que no es de dia?
Lis. A tus ojos vencidos de sueño. Vístete en un aire, y toma esta letra y dásela, que la dé lo más presto que pudiere á mi señora, y dile de mi parte que le suplico, pues mi vida pende de su lengua, que sepa con ella darme remedio, ó sino que abrevie mi pena. Corre en un vuelo, no le ocupen otros negocios.
Olig. Ya voy, que me olvidaba la gorra y me iba tocado con la escofia. O yo no veo ó aquél es Brumandilon. ¿Ah, Brumandilon, dónde bueno con tanta priesa? ¿Es alguna muerte de hombres?
Brum. Los vivos lo verán y los que nacieren oirán la hazaña que voy agora á hacer.
Olig. Aosadas que es sobre la medalla.
Brum. No es sobre otra cosa.
Olig. Pues allá voy yo á darle esta carta que dé á Roselia.