Cel. Andad con Dios, mis hijos, que sí haré.

Lis. No llames recio, no nos sientan los vecinos. ¿No salen esos tacaños á abrir? Bellacos, ¿así esperais á vuestro amo que os da de comer? ¿Qué es de aquel rapaz, Filirinillo? Puto rapaz, ¿dormís? espera que yo te despertaré, con una vuelta de cabello.

Fil. Señor, yo despertaré.

Lis. Despierta, despertad, pues vuestro amo vela. Enciéndeme luégo una vela y súbela á mi escritorio.

Olig. Señor, reposa eso poco que falta de la noche, que tiempo hay para todo.

Lis. No te fatigan mis cuidados ni te quitan el sueño como á mí, anda, véte á acostar y cierra esa puerta.

Fil. Yo, yo, ju, juro á Sant Juan, yo, yo lo diga á mi padre que me peela, y, y me abofete, ea, y, y que me asiente co, con otro amo mejor.

Eub. Calla, hermanito, no llores, que quien bien te quiere te hará llorar. Si buenos principios llevares de pequeño, cuando grande los hallarás, que las buenas costumbres y buena crianza de la niñez mucho aprovechan para despues tener firmeza y constancia en la virtud, que de becerrillo verás que buey harás. Si desde chico te vezas á ser virtuoso, siempre adelante amarás lo bueno, y en ello te deleitarás, porque la virtud frecuentada por muchos actos conviértese en naturaleza, y la natura inclina á obrar con deletacion y suavidad, al contrario, si te enfrascas en el vicio, y una vez te metes en él, tras él te irás como barco suelto en pos de la randa, ó como nao que va en popa, ó como caballo desbocado, no habrá quien te refrene ni aparte de sus halagos, ni nadie bastará á sacarte de su muladar, que ya sabes que mudar costumbre es par de muerte, y quien malas mañas há tarde ó nunca las perderá; sino míralo en lo que dice Plutarcho en el tratado cómo se han de criar los hijos, donde, entre otras cosas dignas de recordable memoria, cuenta que Licurgo, rey de los lacedemonios, queriendo mostrar á los ciudadanos cuanto hace para las costumbres la crianza en que se crian los hombres, tomó dos perros, hijos de un padre y una madre, criados en diversos exercicios, el uno en la cocina enseñado á golosinas y á lamer ollas y platos, y el otro en el campo hecho á trabajos y á cazar, y juntado el pueblo en la plaza, díxoles: mucho pueden, varones Lacedemonios, la crianza y los enseñamientos y exercicios en los hombres, como luégo lo veréis por las obras en estos dos perros, hijos de un padre y de una madre; y esto dicho, soltó los perros, y el uno se fué á una olla que pusieron allí, y el otro tira tras una liebre que soltaron. Esto te he dicho, Filirin, porque parece mal los mochachos ser rezongones y desobedientes, y tambien porque juras y juegas, y áun sirves de mandilete, que es peor, que yo lo sé. Y mata ese cabo de candela y durmamos, que es tarde.


¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA
DEL TERCERO ACTO.