Brum. Tres veces que me sacaron á la vergüenza y una á azotar por tu causa.

Cel. Y á mí ¿no me hicieron obispo de escala entónces?

Brum. ¿No subes, Oligides?

Olig. Ya, que vacio las aguas; buenos dias, señora Celestina.

Cel. Vengas en buen hora, hijo.

Brum. Dime, vieja, ¿no tiemblas en verme para no me hacer enojo alguno?

Cel. Pardios, no.

Brum. Pues no tengo yo gesto de eso, que, por vida de tal, cuando me lo miro en el espejo, así horrible, feroz y temeroso como es, cien leguas de mí huir querria.

Cel. Arre allá, asno.

Brum. Por la sancta letanía, si no fuese por no dejar mis zapatos en tu barriga, más coces te diese que letras tiene la Biblia, porque no dés tan mala respuesta y tan mal galardon á quien defiende tu casa de ladrones, y tu persona de los que mal te quieren, y tu honra y fama de malas lenguas.