Cel. Andate ahí con tus zaherimientos. Sola una vez que oxeó á voces unos popilos que me daban matraca, me lo zahiere á cada paso y me da con ello en los ojos.
Brum. Pese á tal, ¿despues de tener los brazos cansados de dar golpes en tu servicio, y los broqueles y espadas hechas piezas, me dices eso? Todos te besan la ropa y lo que huellas, y te hacen el buz sólo por mi respecto, porque saben que no son más sus vidas de lo que te enojaren, y no lo sabes conocer.
Cel. ¿A mí quieres engañar con esas mentiras? ¿A mí, que soy Celestina y por otro nombre Elicia, sobrina de aquella que por su mucha fama y sabiduría es puesta en refran de todos? ¿A mí, á quien la experiencia de las cosas ha hecho artera, piensas echar dado falso ó treta encubierta? mal pensado lo has.
Brum. Si tú sabes mucho, tambien sé yo mi salmo, y si tú eres Celestina, á mí llaman Brumandilon, que brumando los hombres tomé nombre del hecho, y soy nombrado en las partes orientales, tambien soy tuerto y tundidor, y más de Córdoba, y nací en el Potro y pasé por Xeréz, y tuve la pascua en Carmona, y ninguno me la hizo que no me la pagase con las setenas; por ende tú guarte y dame dos reales que te pido para comer.
Cel. No sé si los tengo.
Olig. Dáselos, por tu vida, Celestina, y sed amigos.
Cel. Dos reales y cuatro daréselos yo, pero de medalla no me hable nadie, que no será ésta, si yo puedo, la cadenilla de mi tia. Toma cuatro en lugar de dos.
Olig. Agora me contentas, Celestina, que te llegas á razon, y sea ésta, pelea de por Sant Juan paz para todo el año.
Cel. ¡Ay! pluguiese á Dios que nuestras rencillas pasadas fuesen como calenturas de Mayo, que son salud para todo el año.
Brum. Ce, Oligides, con esto piensa hacerme pago. Pues callémonos todos, que aquella arca que está á los piés de la cama es, si no me engaño, donde está metido el cofre que te dixe.