Olig. Brumandilon.
Lib. Fuése huyendo pensando que era otra cosa.
Olig. Vaya con el dimonio el puto baladron. Señora Libia, con un beso me despido de vos.
Lib. Eso barato lo vendo.
Olig. Quiero agora irme á dar otro verde con mi Carmisa, que no hay que fiar en putas.
¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA
DEL TERCERO ACTO.
Lleva la carta Celestina, y por el camino va sacando por conjeturas qué sea la causa por que Roselia faltó á su palabra. Témese mucho no la haya sentido su hermano Beliseno, y aunque desde la ventana le hace de señas Melisa, no se le cuece el pan hasta que Marivañes envia su niño. Y Melisa la mete en la cámara de su señora. Con sus artes, Celestina hace que Roselia muy claro manifieste su ardiente deseo; y concierta con Celestina que por la huerta la hable Lisandro.
CELESTINA. — ROSELIA. — MELISA. — NIÑO. — MARIVAÑES. — EUBULO.
Cel. No puedo imaginar ni acabo de pensar qué ha sido la causa por que Roselia faltó su palabra y no salió á la hora y tiempo concertado. ¿Si se arrepintió? no; que esto tiene el amor, que cuando prende hace el corazon constante y no mudable, y aunque el virtuoso pensamiento baste á expeler sus fuerzas causando limpieza, pero pocas veces acaece que en su lucha y pelea se alcance victoria, porque abatido en tierra cobra nuevas fuerzas, como cuentan que Anteo cobraba luchando con Hércules, y cuanto mas nos esforzamos á apartallo de la memoria, tanto más ella se refresca con sus lastimosas pasiones, las cuales ofrece al pensamiento, y el pensamiento al corazon, allí llegadas, lo prenden con tan fuertes lazos que desasirse no pueda sin mucho pesar y congoxa. ¿Si lo hace de medrosa, por miedo de no ser sentida? tampoco, que la voluntad enamorada todo lo pospone por cumplir su apetito, es osada al acometer, y quiere lo que no puede, y lo que puede executa; y que Roselia ame, evidentes indicios tengo de ello, si es así que por las exteriores obras y señales del cuerpo venimos en conocimiento de las afecciones del alma. Cuanto más que mis buenas artes, mis subtiles engaños y mi artificiosa arenga tienen tal virtud, que á las muy fuertes hacen dar combos, y á las flacas y tiernas de un vaiven derruecan. Aunque, al fin, la que buena quiere ser no se lo quita mi tañer. La principal culpa se reduce al consentimiento de la que me da oidos, y me quiere escuchar no viendo la manifiesta ponzoña que trayo en el vaso dorado de mis palabras, que harto es de ciego quien no ve por tela de cedazo. Pero mal pecado, ellas adrede por disimular sus pasiones, y áun por dar lugar á sus deseos, huelgan de hacerse ciegas y que no entienden lo que les decis, haciendo de las enojadas, y por ventura no se ha apuntado la cosa cuando mejor la calan y penetran que vos que se lo apuntais por rodeos; y lo que es peor, que se bañan en agua rosada en que yo ó alguna de mi cofradía las vaya á hablar en cosa que ellas mismas echarian rogadores y terceros si lícito les fuese ó si no les retrajese la vergüenza y empacho natural. Y siendo así, hacen más alharacas, como si les fuésemos á vender moneda falsa, y fingen no sé qué hipocresías de, guárdenos Dios, ¿á mí con tales mensajes? ¿y habia de hacer tal vileza? ¿vienes á dañar mi honra, condenar mi honestidad? tal por cual, véte de mi casa, no te vean más mis ojos si no quieres que te haga matar. Todas son puterías, pardios, que otro les queda en el buche, porque si así fuese como lo parlan, de la primera palabra que les hablásemos en aquel caso, nos habian de echar con todos los diablos; pero juraré que no entra mejor pascua por sus casas que nosotras. Pues ¿qué será la causa? ¿impedimentos? No, que no los tiene. ¿Si fué sentida? No sé; si así es, nuestro gozo en el pozo, que á ella pondrán en guarda, y á Lisandro espías, y á mí acortarán los pasos. Muy en dubda estoy de lo que será, y cúmpleme saberlo, porque si esto es, valiérame más quedarme en casa con las piernas cortadas que ir á su casa. Quiérome andar por aquí, sabré lo que es ó lo que no, si viere oportunidad para entrar entraré, si no, tornaréme á mi casa, y perdóneme Lisandro, que ya hice toda mi posibilidad por él, y todo mi deber y saber; la obligacion no se extiende más de al poder. Por mi ánima, que me hace del ojo de acullá de la ventana, Melisa, su doncella; otra vez me da con la mano, luégo, luégo. En buena fe, aunque más me llames con la cabeza; no sea ésta echadiza y se arme algun ruido hechizo para me tomar en la gorrionera, no se diga por mí que mucho sabe la raposa, pero más el que la toma; primero sabré de mi comadre la vecina si ha habido cosa nueva despues acá, ó mudanza alguna en casa de Eugenia.