Cel. Sancto Dios, vuelve, vuelve la cabeza, verás á Oligides sangriento.
Brum. ¿Qué es esto? ¿qué es esto, Oligides? Dímelo luégo quién te hirió, que no será más su vida de lo que tú tardarás en decírmelo.
Cel. No le dés pena, que no te reponderá. ¡Ay Sancta María, que Beliseno le habrá muerto!
Brum. Cuerpo de tal, ase dél, llevémosle en brazos á curar, pues no me dice quién son; traba de ese brazo.
Olig. Hi, hi, hi, estad quedos, que no es nada.
Cel. Doite á Satanas, que así me turbaste.
Brum. No lo creo, ase dél, ¿no ves la sangre que se le va?
Olig. Si me quisieses tú dar á entender lo que á un truhan sus amigos, segun cuenta Poggio, persuadieron que estaba muerto, el cual fué llevado á enterrar, aunque en las andas no dejó de responder á los que daban gracias á Dios por su muerte, que juraba á Dios que si vivo estuviera, como iba muerto, que ellos se la pagáran.
Brum. Destápate y creerte hemos. ¿Qué diablo es eso que traes al cuello atado?
Olig. Oidme, contaréos un chiste que pasé con Carmisa, la amiga del bachiller, de que mucho reiréis, y no lo sepa Drionea, Celestina.