Olig. Pues suba Brumandilon á decir que estás aquí, que yo voyme á lavar y limpiar de esta sanguaza, y mudaré otros vestidos.
Brum. Subo, que morador soy ya de casa.
Olig. ¿Cómo así?
Brum. Despues te lo contaré; albricias, albricias, señor.
Lis. ¿Qué es, amigo Brumandilon, que todo es tuyo?
Brum. Pues Roselia es toda tuya.
Lis. No te creo. ¿Qué es de Celestina?
Brum. Héla aquí entra.
Lis. ¡Oh canas honradas! ¡Oh venerable senetud! abrázame ¿Qué es esto que oyo, madre Celestina? ¿es verdad? ¿confírmaslo tú?
Cel. Así lo digo, que por mi industria y buenas mañas de esta pecadora y pobre Celestina, Roselia queda por tuya, y te ama más que á sí mesma, y queda encendida en el fuego de tu querer, y desea más verte que vivir.