Reb. Dexa la adarga, Dromo, que yo todo lo dexé.
Drom. Corre, corre, que ya la eché, y la capa tambien.
Cas. Galfurrio, vuelve la cabeza á ver si vienen tras nosotros.
Galf. ¡Oh sancto Dios! ¿ves el peligro en que vamos y dícesme eso? No me digas nada, aguija, aguija, que me parece que nos alcanzan.
Cas. Vírgen María, metámonos aquí en esta pocilga, puesto que uno veo acullá delante que nos va á cercar.
Drom. Espera, Rebollo, entraré yo.
Reb. Al diablo el que tal aguardase.
Brum. He, he, ay, cansado estoy de correr, en mi seso me estuve de tomar armas livianas, si los piés no me valieran, este fuera mi dia. Valientes hombres son Galfurrio y Casajes, y los demas que luégo que nos vieron entrar en la rinconada dieron tras nosotros, desalados venian en mi alcance, en mí solo queria descargar; hi de puta, si me cogieran los mancebos, como alanos se encarnizáran en mi persona; bien está, que si ellos corrian tras mí, yo volaba. Doite gracias, Señor, que me heciste ligero y desenvuelto á tales tiempos, hágome cuenta que hoy me nací. Quiero agora ir á buscar á Lisandro, y diréle que los iba á atajar. Mas, ¿qué es esto que veo? armas y capas son; mirad, por mi vida, si lo habian dexado todo por me alcanzar, quién los aguardára. ¿Aquél es Lisandro y sus criados? creo que sí, quiérolo mirar bien, no me engañe, y me maten si son los otros; él es, bien está, algo te iba en ello, Brumandilon, saberlo.
Olig. Cata dó viene Brumandilon, señor, esgrimiendo con la espada desnuda, cargado viene, no sé qué se trae debaxo del sobaco.
Brum. Oh venturosos hombres, si no tomaran calzas de Villadiego y pusieran piés en polvorosa, como me ofrecieron estos despojos, me ofrecieran tambien las vidas.