Cel. ¿Vos á mí? ¿vos á mí? toma para tus ojos, bellaco, rufian.
Brum. ¿No quieres callar, vieja, puta, deslenguada?
Cel. A la he ése oye sus defectos quien no calla los ajenos; pues como nací para morir, que si voy á ese coro de la iglesia mayor, ó á esas escuelas, yo traiga quien te hincha las medidas y te cargue de leña.
Brum. Toma, toma, hechicera alcoholada, agora trae quien te vengue.
Olig. ¿Eso has de hacer, Brumandilon, en mi presencia? acaba ya, suéltala.
Cel. Justicia, justicia, señores, que me mata este rufian.
Olig. Ora ya, Celestina, no vocees, que no te ha muerto.
Cel. Ay, amarga de mí, mezquina, que un colmillo solo que tenía me ha derrocado; ¡ay! ¡ay!
Drion. ¿Estabas ahí, señor, y consentiste tal cosa?
Olig. Mis amores, no pude más.