Drion. Andar en hora mala, ¿es aquí mi tia terrero de necios?
Brum. Ea, vos, putilla, callad.
Drion. ¿Putilla? no me lo dijeras tú si yo tuviera quien respondiera por mí.
Olig. Tampoco, Brumandilon, eso no es cosa de sufrir, que la señora Drionea es mujer honesta y buena.
Drion. Mirad cuál se vino el cobarde fanfarron, ¿piensas que somos acá algunas bandorrillas como con las quien tratas?
Brum. ¿Tomastes alas, señoreta?
Cel. Para el mundo que nos sostiene, don bellaco, desuella-caras, mañana te haga enclavar la mano.
Olig. No fuiste cuerda en decir eso, ¿no sabes que cuando dos hablan, si el uno se enoja y el otro no responde, aquél es más sabio, que cuando uno no quiere, dos no barajan, ca de otra manera es dar de estocadas al fuego y incitar al airado?
Cel. Anda, señor, que más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, que no es buen seso traer el asno en peso; mas hágame miel y comeránme moscas, y tanto es Pedro de bueno que no le medre Dios. Los diablos á mí me lleven, si el Cabildo lo sabe, si no sea más negra de lo que piensa; y que á él le amargue el caldo, así no ha de haber nadie sin su alguacil.
Olig. Calla ya, Celestina, que tanto es lo de más como lo de ménos.