Olig. Por mi vida, que es bonita y salada la postrera. ¡Ah, señora hermosa! ¿eres servida de un escudero? no me responde.

Cel. ¿No oiste que te motejó de frio?

Olig. ¿Qué dixo?

Cel. Que no hacia sol y que añublaba.

Olig. No te maravilles, hermosa, de eso, que si el sol en el cielo se esconde allá en las nubes, es porque tú le quitas las veces en la tierra.

Brum. Ya se traspuso.

Olig. ¿Conócesla, Celestina?

Cel. Mejor que á mí, á la delantera vendí por vírgen cuatro veces á cuatro señores de la Iglesia, y la otra á un generoso.

Olig. ¿Harásme haber á la trasera?

Cel. Sí, y agora síguela, porque vea que haces cuenta della.