Eub. Escocióle el buen consejo.

Lis. ¿Qué dices?

Eub. Digo que voy.

Lis. Allá irás. Al diablo tanto discreto como yo tengo en esta casa; pero no sé cómo lo son, que el necio callando es habido por discreto, como el falto encubierto por cumplido; éstos, parlando, se hacen cuerdos.

Eub. Señor, vesle aquí, viene de fuera.

Oligides. De tus negocios, señor.

Lis. ¡Oh hermano Oligides! no ménos alegre me haces con tu venida, que deseoso he estado de tu presencia; mas, ¿qué alegría puede tener aquel que los dias vive con trabajos y las noches vela con pesares y tormento? el cual con tu tardanza acrecentaste poniendo en olvido mis cosas, que sabes que en las cosas de amor la presteza es loable.

Olig. ¡Oh, señor! siempre me olvido de mí mesmo por acordarme de tu servicio, y ¿dícesme eso?

Lis. ¿Pues qué has pensado en mi remedio?

Olig. ¿Qué? que pardios vengo de allá; y si vas luégo verás á Roselia en la ventana de jaspe, y podrá ser que la hables si te das buena maña, que su madre Eugenia es ida á ver á su hermano Menedemo, que malo está.