Olig. Señor, no es cordura tomar senderos nuevos y dexar caminos viejos, el seguro camino es el de las carretas; dígolo, porque es mejor acuerdo que una mujer entienda en esto que no tú sin tercero, ó yo que soy sospechoso, que al fin mal se tañe la vihuela sin tercera; en el cielo sin medianera no se alcanza cosa que buena sea, cuanto más en el suelo, lo demas es andar de mula coxa.
Lis. ¿Conoces tú alguna?
Olig. No una, sino ciento; está sembrada la ciudad de ellas, no hay mujer cantonera que no tenga su vieja al lado para que sea corredora de estas ventas y compras; en especial conozco una de este oficio, la más principal y famosa en el pueblo y que más negocios y despachos tiene, así con legos como con clérigos, ca ninguna cosa toma entre manos que no salga con ella, aunque sea encerrada tras siete paredes la hará venir á quien se lo encomendáre; creo que es un poco hechicera.
Eub. No hay otro tan eficaz hechizo como es el amor: éste á las muy recogidas trastorna, y los ermitaños busca por los yermos, y á los religiosos quita la atencion en el coro; esos otros hechizos poco obran do no hay amor.
Lis. ¿Podríala yo hablar?
Olig. Yo te la traeré acá con que me dés señal, que le dé, que será bien pagada.
Lis. Dale ese par de doblas y tráemela luégo acá, no tardes, y á la vuelta escogerás de esa caballeriza un caballo para tí en que rues.
Olig. ¡Oh señor! singular merced, yo voy.
Lis. Dios te guie. ¡Oh grandeza de Dios! en esto muestras tu potencia en dar poder á mí inmérito que merezca hablar á esta vieja, que no puede ser sino mujer muy honrada, si tal cosa me promete de traerme á mi deseado fin, y mis culpas y pecados no sean causa de perder tan gran premio.
Eub. Mas tus delictos y ofensas, que á Dios has cometido, darán ocasion á que tú alcances eso y más.