Lis. Quien á Dios tiene enojado, cosa de valía merecer no puede ni impetrar cosa suprema.
Eub. No lo niego, por las culpas.
Lis. Calla, no hables más palabra.
Eub. Callaré por tu mal.
Lis. Descortés, ¿quereis vos contradecirme? tan bueno Pedro como su amo. Véte con Oligides, acompaña aquella dueña.
Eub. ¡Hola! ¡hola! ¿Oligides, ce?
Olig. ¿Acá vienes?
Eub. Vengo; ¿quién es esta negra señora que venimos á traer de la mano?
Olig. Yo te lo diré; bien habrás oido mentar á Celestina la barbuda, la que tenía el Dios os salve por las narices, aquella que vivia á las tenerías; ¿no caes?
Eub. ¡Oh! ¡oh! di, di, que ya caigo, que como ha habido tantas y hay, no sabía por quién decias.