Olig. Ésta dexó dos sobrinas, Areusa y Elicia. Areusa llevóla Centurio al partido de Valencia; quedó Elicia ya vieja y de dias, la cual viendo que los años arrugaban su rostro, y que su casa no se frecuentaba como solia de galanes, ni ménos sus amigos la visitaban, determinó, pues con su cuerpo no podia ganar de comer, ganallo con el pico y tomar el oficio de su tia.

Eub. ¡Y cómo si sabria usar dél! De mala berengena nunca buena calabaza, y de mal cuervo nunca buen huevo. Yo oí que su tia le dexó por heredera en el testamento de una camarilla que tenía llena de alambiques, de redomillas, de barrillejos hechos de mil facciones para que mejor exercitase el arte de hechicería, que ayuda mucho, segun dicen, para ser afamada alcahueta; ya creo que es bien diestra, astuta y sagaz en estas artes liberales.

Olig. Éralo en dias de la madre bendita, cuanto más agora que el tiempo, inventor de las cosas, le habrá hecho artera, y enseñado más de lo que sabía; y ella, con la experiencia que tiene, ha conservado lo que con diligencia alcanzó. La mesma Celestina, espantada del saber de su sobrina, dijo á Areusa: ¡ay, ay, hija! si vieses el saber de tu prima, y cuánto le ha aprovechado mi crianza y consejos y cuán gran maestra está. Pues esta Elicia, porque más se cursase su casa y fuese más conocida y tenida, tomó el nombre de su tia, y así se llama Celestina, y desto se jactaba ella á su prima Areusa y á otras muchas personas, adevinando á lo que habia de venir, si bien me acuerdo, por estas palabras: allí estoy aparrochada, jamas perderá aquella casa el nombre de Celestina, que Dios haya, siempre acuden allí mozas conocidas y allegadas, medio parientas de las que ella crió; allí hacen sus conciertos, de donde se me seguirá algun provecho. Y muchos extranjeros que no conocieron á Celestina, la vieja, sino de oidas, piensan que es ésta aquella antigua madre, porque vive en la mesma vecindad, y tienen razon de creello, ca ninguna remedó tan bien las pisadas y exemplos, la vida y costumbres de la vieja, como ésta, que en la cuna le mostraba á parlar las palabras de que ella usaba para sus oficios; de manera que con la leche mamó lo que sabe. Así que si Celestina toma esta empresa, por nuestro queda el campo. Bien puede dormir descuidado Lisandro, que fasta su cama la hará venir á Roselia, tanta es la virtud que en su lengua tiene.

Eub. Ya que el pecado lo quiso que tan á pechos busque nuestro amo su perdicion, ¿no sería mejor que llamases á su tia la barbuda, pues ha resucitado?

Olig. ¿Quién te lo dixo?

Eub. No se suena otra cosa en la ciudad, y maguera que poco há que la encorozaron, porque entendió en los amores de Felides y Polandria.

Olig. Engáñaste.

Eub. Bien sé, aunque la vulgar opinion tiene que resucitó, que estuvo escondida en casa del Arcediano, por vengarse de Sempronio y Parmeno.

Olig. Ménos eso.

Eub. Dilo tú.