OLIGIDES. — CELESTINA. — DRIONEA. — EUBULO. — LIBIA. — POLO. — LISANDRO. — FILIRIN.
Olig. ¿No oyes, Eubulo? escucha, escucha, no llames.
Celestina. ¿Así, doña puta, meter habias en casa sin mi licencia el paje del Conde, que no tiene más de lo que trae á cuestas? Mirad qué casas ó alhajas ó qué viñas ó hogares le dexó su madre para que esté un momento ociosa sin ganar de comer. Loquilla, ¿parecióte galan? ¿pagástete de su gentileza? pues de ésa comerás. Malograda de mi hermana, que buen siglo haya, cuando fué moza como tú; cierto, no atendia ella esas galanías ó disposiciones. Primero se informaba si eran hombres de caudal los que la festejaban, y si eran tales, á todos les mostraba voluntad, ora fuesen feos, ora hermosos, ora viejos ó mancebos; á los pelados enviábalos á espigar. Tomáras, maldita seas, exemplo de nuestra vecina la Calventa, que primero recibe que da; si no traen dineros, que dexen prendas. ¿Dónde tenías los ojos ayer cuando la fuimos á vesitar? ¿No miraste la alhaja de atavíos, y la rima que tenía llena de decretos y Baldos, y de Scotos y Avicenas y otros libros? Llévoos yo allá para que deprendais y tomeis avisos y doctrinas, porque mas ven cuatro ojos que no dos, y éntraos por un oido y sáleos por otro, castígame mi madre y trompóselas yo; hija, sé buena madre, hé aquí un clavo, así eres tú, que no te aprovecha nada mi crianza y consejos. Yo seguro que otra diligencia que la tuya trae nuestra comadre la Pinta, en mi ánima con el pié manda la justicia, sino veldo, que no se toma espada ni armas que no pasen por su registro. Aosadas que por tí pocos ruidos y revueltas se levanten, á mi seguro que no alborotes la ciudad con muertes para ser sonada y conocida como la hija del mesonero; de otra manera cumplen el sagrado Evangelio Date et dabitur vobis, nuestras amigas de la claustrilla, y las bagasas de San Cristóbal. Pues la amiga del cura Bermejo ¿de qué ha medrado de pocos dias acá? ¿el axuar y aparato de casa quién se lo dió? ¿esto no lo ves tú? mira que te mando que de hoy adelante no me entren en casa si no fueren clérigos, ó nuestros confesores, ya me entiendes. ¿Piensas que estas del oficio que te he contado ganan á hilar, ó coser ó labrar, las sayas de terciopelo, los monjiles de damasco, las saboyanas de grana fina, las gorgueras y cofias tachonadas con oro de martillo de muchas perlas y joyas, las gargantillas y collares de aljófar, los fermalles y joyeles, las axorcas y anillos, los zarcillos, las camisas y mangas de Calicud labradas á las mil maravillas? A la hé engañada vives si eso piensas, guay del uso que la barba no anda de suso; la ganancia de la mujer con rueca y almohadilla no es para sacar de mal año, ni poner en cuenta de nada para que en ello confies, vuelve la hoja, malvada perversa, haz libro nuevo, no muestres las piernas ni áun al duque que sea, si no traxere el dinero en la mano ó buenas prendas. Cata que quien adelante no mira atras se cae, cuando no pensares te hallarás vieja como yo, y si no tienes algun pegujal para sustentar la vida á la vejez de lo que ganares siendo moza, puédeste quedar á buenas noches. Sigue mi consejo, que sé más del mundo que tú, y donde el maravedí se dexa hallar, allí debes otro buscar, y no entre gente pelada, que no tienen más de aquella compostura de fuera.
Drionea. Así goce, madre Celestina, que no le abrí las puertas para ese efecto que piensas más de para saber de mi primo, el hijo de Ponza, que está con su amo.
Cel. Ay puta, mala rabia te entre por ese corazon, por eso le querias, ¿á mí que las entiendo y he pasado por ello quieres engañar? A perro viejo nunca cuz cuz; ¿qué hacíades en la camarilla del carbon encerrados con aldaba y tranquilla? buenos traes los tocados de cisco.
Drion. Así viva yo que por fuerza me metió dentro y cerró la puerta de golpe.
Cel. Gente está á la puerta, acechando están los malogrados. Bellacos, ¿qué escuchais? Por el alma que tengo en las carnes, si con un palo salgo las cabezas os quiebre. ¿No nos dexaréis en nuestra casa vivir bien, escudriñadores de vidas ajenas?
Eub. Como parla de talanquera.
Olig. Tus devotos somos, señora.
Cel. ¡Ay maldito seas! traidor, ¿tú eres? hija Drionea, en mis brazos le tengo el que tú deseabas.