Olig. No te enojes, mi Drionea; oye ántes que me juzgues por malhechor.
Cel. De mucho como te quiere te pide celos.
Eub. ¡Oh putas, putas! el que no os conoce os compre, por eso me voy, que quien quita la causa quita el pecado. Jesus, ya me encendia; líbreme Dios de tentacion maligna; ¡Ave María! ¡Ave María! vade retro, Satana.
Olig. Pues no es otra cosa sino que un amigo mio bachiller la tiene á esa que dices, y el maestre-escuela súpolo, y echóle preso fasta que pague la pena de los diez florines, y yo por partes dél la voy á hablar sobre ciertas prendas.
Cel. ¡Oh crudo y riguroso y tirano juez, que en tal caso tal ley pone! Ese robóle, digo yo, que no justicia.
Olig. Reprendes la ley porque es en tu perjuicio y disfavor, que ella justa y buena es.
Cel. Mientes, hablando con honor.
Olig. Mas ¿qué es de la señora Libia, que no la veo?
Cel. Arriba está con dolor de muelas.
Olig. ¡Ah, señora Libia! si os tienen encerrada por gran tesoro, razon es; mas si por otra cosa, injuria es que hacen á Dios en no dexar ver sus obras.