Olig. Quede Dios contigo, señora; yo seré más contino en adelante.

Drion. Sí, la semana que no haya viérnes te esperaré. Mas, ¡nunca acá vuelvas, plega á Dios!

Cel. ¿Qué mal es el de tu amo?

Olig. Arde en amores de Roselia, y creemos que morirá, si tú, que eres única en esto, no le remedias.

Cel. Gracias á Dios, hijo, que sus dones reparte por quien quiere, á unos da el dón de profetar, á otros de predicar, á otros de hacer milagros, á mí de sanar enfermos.

Olig. Bien creerás, madre, que en tí, como en sagrada y postrimera áncora de su salud, tiene puesta mi amo su confianza despues de muchos remedios aplicados.

Cel. En eso habeis errado la cura y dañado la postema del su afligido corazon, que, como dixo Séneca, la llaga á la cual muchas medicinas tocan, con dificultad llega á cicatrizar; y si el principio se yerra, no puede seguirse buen fin.

Olig. Por tanto se pone el pandero en tus manos, que lo sabrás bien tañer.

Cel. Ni la graveza de la herida sufre excusa, ni el precio de la cura ménos valor, por la bondad del cerujano, que la enmienda en lo no acertado es más trabajosa que el remedio en sus principios.

Olig. Dexa esos rodeos, que tu boca será medida de lo que pidieres.