Lis. Corre, Eubulo, saca de mi recámara seis canas de raso carmesí y la mi capa de grana, y dáselo á Brumandilon.
Eub. ¿La de fajas, señor?
Lis. Esa ó esotra.
Brum. Si las gracias de tan pujantes mercedes te hobiese de dar, ántes falleceria tiempo para decir que palabras para satisfacer; pero á las obras me remito, con las cuales adelante, como criado tuyo, entiendo servirte, que no en balde te he señalado por mi señor, pues tan en derredor miras mi provecho y honra, por ende, si más mandas dímelo, porque tan seguro puedes estar de mi servicio, que aunque la muerte se me ofrezca no la negaré.
Lis. Que no se dilate mi vida ó muerte, pues al doble es más pena aguardar que recibir la rigurosa sentencia.
Brum. Todo lo dexará y el tu negocio será el primero que despache, aunque otros del mesmo jaez en cuantidad y calidad traia ya entre manos con adelantada paga.
Olig. Estotro pajuelas; pagado y repagado está.
Brum. ¿Qué le dió?
Olig. ¿Qué le dió? una medalla con un cerco de oro, y en ella una esmeralda con una escultura de Júpiter como deciende á juntarse con Danae convertido en lluvia de oro, de harta estima y valor.
Brum. Eso pasa, y encubriómelo la puta vieja. No paro más aquí. Quedaos adios, señores compañeros.