Olig. No le digas que yo te lo dixe.

Brum. No diré.

Eub. Caro le costará la fruta de postre en el banquete de sus amores, pues tal comienzo tiene la comida. Todo para alcahuetas y mandiletes y fementidos lisonjeros, nada para fieles sirvientes. Andar, mundo es que corre, unos por buenos se pierden, otros por malos se ganan.

Olig. Por eso me voy yo al hilo de la gente, sentir con los pocos y hablar con los muchos.

Eub. Si sigues el discante de la cortesana malicia, aunque sientas para tí las voces baxas de bondad, al fin, cuando se canta la gloria, te hallarás burlado, que las obras hacen bueno, no los propósitos.

Olig. No por eso dexaré de bien obrar.

Eub. Cosa difícil es tratar con el aceite y no se amancillar, pues muy más difícil es conversar entre malos hombres y no ensuciarse con sus perversas y dañadas costumbres. La maldad de ligero se pega y cunde como azogue fasta corromper los tuétanos del uso de razon; oro ha de ser, y fino, el que ha de defender sus quilates entre las vivas brasas de la vida corrupta, ca dime con quién paces y decirte he qué haces.

Olig. ¿Quiéreste meter fraile, pues tanto aborreces nuestro vivir?

Eub. Deséolo.

Olig. Si tanta piedad cuanto calor en verano albergase el capillo, yo te seguiria.