Eub. ¡Oh palabra digna de fuego con su auctor! ¿Qué son las cuatro religiones sino cuatro pilares de la Iglesia que la sustentan en su fe, esperanza y caridad? de cuyas escuelas salen lumbreras que alumbran, ilustran y esclarecen con doctrina toda la cristiandad, y sabios que destruyen y destierran las herejías, no ménos que del caballo troyano esforçados y electos varones en destruicion de Troya salian.

Olig. Véte tú á la religion, que yo á mi Carmisa me recojo.

Eub. Ella te llevará con los muchos, aunque más sientas con los pocos.


¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA
DEL SEGUNDO ACTO.

Tómanle ánsias de muerte á Celestina por la dificultad del negocio encomendado; mas considerada su destreza y el aparejo que en todo hay, delibera de ir á hablar á Roselia so color de su oficio, corredora por maneras exquisitas. Es cosa de reir ver los negocios que dexa encomendados á su sobrina Drionea. Al fin, ida la vieja, despide Libia á Polo, su amigo, y entra Esclarabel á Drionea, su querida.

CELESTINA. — DRIONEA. — BRUMANDILON. — POLO. — LIBIA. — ESCLARABEL.

Cel. Ántes que tome el camino para casa de Roselia, quiero en la mia bien pensar con reposo lo que le he de decir, y con mucha cautela proveer con qué oro doraré la píldora, en qué copa dorada disimularé esta purga, con qué sobrehaz azucarada cubriré el acíbar, con qué dulzor saborearé la amargura de estas mis confaciones, con qué cebo esconderé el anzuelo, con qué achaque digo coloraré mi nueva venida, con qué palabras paliadas solaparé el negocio á que voy que no sea sentida, en qué matiz de bondad embestiré mi mensaje, finalmente, cómo ocultaré y descubriré una mesma cosa, qué mañas y modos tendré para celar mis ardides engañosos y manifestar mi intencion, que me entienda y no me entienda, que quiera enojarse y no pueda; gran prudencia y saber, gran sagacidad y astucia has menester aquí, Celestina, y despues de esto mucha serenidad en el rostro, mucho reposo en la persona, mucha templanza en la plática, para que no saque por puntos la malicia de mi embaxada. Mas ¡ay! amarga cuitada que el entendimiento se me ofusca, el juicio se me altera y la lengua se me turba en tan arduo negocio, que ni razon me encamina, ni consejo me aprovecha, ni la propia experiencia me incita á que cometa con el pensamiento lo que me cumple poner por obra; ¡ay madre de Dios! y qué sudores con ánsias de muerte en torno rodean mi corazon en pensar en lo que me he metido, las piernas se me cortan y la sangre me desampara; escarmentada habia ya de estar de las veces que he sido empicotada y azotada por este mi oficio en muchos pueblos de Castilla, y no me viniese más mal, que esto fructa comun es de Brumandilon y de mí traer las espaldas pintadas con bandas de color purpúreo y las cabezas con mitras y rocaderos; ¡guay de la que se pone á perder la vida! En mi seso me estaba yo en dejar este trato si la maldita y insaciable codicia del más haber, que á los más de los mortales fuerza acometer lo ilícito, no me venciera; mis ganancillas ciertas tenía por otra parte en dar medicinas á las doncellas que no paran, á las casadas bebedizos que den á los maridos porque no sientan los cuernos que á vistas ojos sus mujeres les ponen, evitando rencillas cornudales, á los mancebos mayorazgos bocados con que maten sus mesmos padres, porque los muertos abren los ojos á los vivos que deseosos estaban de heredar; á las enamoradas bien querencias y polvillos que atrayan á su amor los canónigos y racioneros más mozos y francos; á los honestos mandragora y granos de helecho con que puedan entrar y salir do quisieren sin ser sentidos, á los amantes hechizos de cabello ó cordon con que hagan que sus amigas les amen, y aborrezcan el que amaban, y amen el que aborrecian; y si de este oficio usar no quiero por ser tambien peligroso, loores á Dios que no se concluyó ni encerró en el mi saber, que lapidaria, herbolaria, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, perfumera, corredora, melecinera, partera y un poco física soy; entre dueñas y señoras, entre doncellas y casadas, entre monjas y frailes, entre clérigos y abades suelo yo tratar, todos me han menester y todos me conocen, y todos vienen á mí para que remedie sus necesidades; no parece mi casa sino botica, ansí unos entran y otros salen cargados de medicinas, que no piden cosa que no esté en la camarilla que me dexó mi tia, que buen siglo haya, en el testamento; ahí tengo los perfumes que falseaba, los afeites que conficionaba, las aguas de rostro que hacia, y otras aguas que sacaba para oler, los çumos con que adelgazaba los cueros, los untos y mantecas que tenía y los aparejos para baños y lexías, los aceites que sacaba para el rostro, y otras cosas muchas que con mi buen trabajo y propio sudor y mayor experiencia he yo adquirido, conviene á saber: hieles de perro negro macho y de cuervo, tripas de alacran y cangrejo, testículos de comadreja, meollos de raposa del pié izquierdo, pelos priapicos del cabron, sangre de murciélago, estiércol de lagartijas, huevos de hormigas, pellejos de culebras, pestañas de lobo, tuétanos de garza, entrañuelas de torcecuello, rasuras de ara, ciertas gotas de ólio y crisma que me dió el cura, zumos de peonia, de celidonia, de sarcocola, de tryaca, de hipericon, de recimillos y una poca de hierba del pito que hobe por mi buen lance; tengo tambien la oracion del cerco, que no tenía mi tia, que Dios haya, que es ésta; avis, gravis, seps, sipa, unus, infans, virgo, coronat; y si todo lo de mi tienda hobiese de contar, sería cosa para nunca acabar; pues desdichada de mí, este oficio me bastaba, éste mantiene mi casa, sustenta mi honra y me hace ser tenida y acatada de todos, y afama mi nombre por la ciudad, que nadie hay que me vea que no me llame madre acá, madre acullá, el uno me dexa, el otro me toma, el vicario me convida, el arcediano me llama, que ningun señor de la iglesia me ve que no quiera ganar por la mano cuál me llevará primero á su casa. Malos años para Medea y Sapho y Circe y para la noble Erichto, hechiceras famosas que tan nombradas fuesen en sus tiempos como agora yo. ¡Tristes de mis dias si no salgo con la empresa! si no doy buena cuenta de mí en estos amores, ¿qué será de mi creencia en que me tiene el pueblo? Desconfiarán de mis artes, aborrecerán mis caractéres y palabras, escupirán, escarnecerán de mis supersticiones, chufarán de mis cerimonias, burlarán de mis encantamentos, no darán más crédito á mis agüeros, todos de hoy más me denostarán con baldones, chufas, escarnios, injurias, silbos, ultrajes, risas, desdenes, burlas y con otras palabras injuriosas, y ninguno vendrá más á mi casa, los niños por las calles irán en pos de mí diciendo puta, hechicera, vieja, falsa, malhechora, mondaria, burladora, rabosa, çancajosa, trotaconventos, saltabardales, encorozada, azotada, perfiletada, alcahueta y otros muchos ignominiosos nombres, finalmente que de todo mi estado caeré, y de la opinion en que estaba puesta; yo me tengo la culpa, que quise tomar mayor peso del que podia llevar, y así al cabo caeré con la carga, que quien mucho abarca, dicen, poco aprieta, y quien todo lo quiere todo lo pierde; mal hice á la verdad en no mirar bien la calidad del negocio ántes de aceptar la demanda de Lisandro; imprudente fuí en no pensarlo primero una vez y otra, que, como dixo mi tia, aquellas cosas que bien no son pensadas, aunque algunas veces hayan buen fin, comunmente crian desvariados efectos, ansí que la buena especulacion nunca carece de buen fructo; cierto, cegóme la canina hambre y sed grande y hambrienta codicia de las preseas y riquezas que de ahí esperaba; ¡oh! cuando era pobre, entónces me hallaba más rica porque nada codiciaba, y agora que, bendicto Dios, me sobra, más y más deseo, no contenta con lo que poseo, al fin crece la necesidad con la abundancia, y auméntase la cobdicia con el dinero; mas ¿quién soy yo, á quien temor ó cobardía ponga espanto en las cosas de mi oficio? ¿yo no soy Elicia, la sobrina de Celestina, la que heredó nombre y fama y hechos de la mesma? Sé que Elicia soy, la insigne alcahueta, la famosa hechicera, la sábia nigromántica; ¿qué denodadas palabras? ¿qué fieros ó ademanes de rufian? ¿qué amenazas de muerte? ¿qué rigurosos trances? ¿qué peligros inminentes jamas á mí atemorizaron? ¿No he sacado otros amores más arduos que éstos á luz? sí; ¿y no he salido á paz y á salvo en todos ellos? sí: de la vida digo, que lo demas no lo estimo en lo que huello: ¿qué cosa hay tan dura que yo no ablande, ni qué tan alta que no alcance, ni qué tan imposible que no me sea posible, ni qué tan sublime que no abata, ni qué tan entrincada que no deslinde? Veamos, ¿Roselia no es mujer? sí; luego liviana, que las mujeres, mal pecado, somos como veletas, que, con poco aire, volvemos á todos vientos, enemigas de firmeza. ¿No es moza? sí; luego de enamorada voluntad y lascivos pensamientos, que los aguijones de la carne, y más nueva, algo le moverán á que condecienda á mi peticion. ¿No es hermosa? sí; luego no casta, que pocas veces castidad y hermosura caben en un objeto. ¿No es de complexion sanguínea? sí; pues es de alegre condicion y colorada en el rostro, luego inclinada á lujuria. ¿Pues Lisandro no es gentil hombre, dispuesto y galan? sí; luego para ser amado, que como la hermosura en las mujeres es una pegajosa liga en que se traban los hombres, bien así la gentileza y buena disposicion de los hombres es un señuelo, reclamo y añagaza con que vienen desaladas las mujeres, que si general ley de natura no fuera que el macho siga la hembra, asaz veces rogarian á muchos; ¿Lisandro no es mancebo de noble linaje, dotado de muchas gracias, de linda crianza, bien hablado, generoso, franco, aparentado? sí; luego sobre seguro voy, que estas cosas mucho hacen al caso para que en Roselia con más facilidad prenda su amor; ¿quién tengo de mi parte? al amor, que todas las cosas vence; al amor, que seso y discrecion trastorna; al amor, que saltea los monasterios, escala los muros, rompe las paredes, mina los encerramientos, asierra las rejas, trepa por las ventanas, enciende los castos, altera los devotos, espancta los sanctos; al amor, que desploma la razon, ofusca el entendimiento, fuerza la voluntad, embota el juicio, turba la memoria, fistola el corazon, descoyunta los miembros, hace temblar las carnes, ciega los ojos con lágrimas, desplega la boca con sospiros, cierra los oidos al consuelo, ábrelos á las pasiones, y finalmente, todos los sentidos tropella, pues todo se adereza así de partes de mí por ser principal maestra de este oficio, como por parte de los aparejos que hay de una parte y de otra; encomiéndome á mis familiares, Lucifer, Astaroth, Arangel, Beliath, Sathan, Bercebuth, Balan y á Rescoldapho, el mi buen amigo, príncipes de los demonios que me den buena manderecha á lo que voy, sólo os suplico, mis buenos adalides, perturbeis la fantasía de Roselia con deseos luxuriosos y cebeis sus pensamientos con tizones de amor, yo soplaré con mis fuelles el fuego y atizaré las ascuas que la quemen viva; emprenda la llama en su pecho con vuestras sanctas inspiraciones, que yo tendré cuidado de encenderla y avivarla con mis devotos consejos. ¿Drionea, hija?

Drion. Madre.

Cel. Si viniere de mucha priesa la desposada que hice haber aquel hijo del racionero, en el tabladillo hallarás la caxuela pintada de los virgos; toma de ahí lo que sabes, y restáurale la flor perdida, ni más ni ménos de como me lo viste hacer á la que estotro dia se casó con el carpintero; y si estoviere muy abierta, cúrala con punto, muy sotilmente; y si viniere tambien la mujer del cordonero por los bebedizos, en el barrillejo de barro los hallarás, dáselos, y que los polvorice con un poco de soliman molido, y dile que han de ser nueve candelillas de cera las que me dixo, pasadas las doce de la noche. Y no te olvides de lo que has de hacer con la manceba del canónigo mozo, la que tuvo presa el Obispo por el ólio.