Drion. ¿Qué respuesta daré á Sigiril, escudero de Felides, si te buscáre, que ayer vino acá y no te halló?

Cel. Dile que se vaya con Dios ó con el diablo, que no soy yo casamentera, ni ménos es ése mi oficio; allá á la amiga de mi tia vaya él con esas embaxadas, ó á los parientes de Polandria, que concierten el casamiento, que para ese caso no es menester el estudio de mis artes, ni mucho ménos que mi tia resucitára ó apareciera, como holgaron de mentir. Dame acá esa ropa blanca que me encomendaron que vendiese de aquella señora malograda que murió los otros dias, y no saques sino lo más rico y vistoso; esos gorjales aljofarados, esas cofias estampadas y todos los deshilados y cosas hechas de red de oro y seda, que lo quiero llevar á parte donde no se perderá nada en ello, que buena manera será ésta para entrar en casa de Roselia, pues soy corredora.

Drion. Toma.

Cel. Cierra esas puertas y di á ésos que se levanten que ya es mediodia, porque tenga esa necia espacio para tocarse; y dile, en hora negra, que si se le acuerda que habia de pasar por aquí aquel bozalejo que sabe.

Drion. Sí diré.

Brum. Trap, trap, trap; putas, abrí.

Drion. Putos dias vivas.

Brum. Abrí presto, no me hagais arrojar las puertas por el suelo de otro par de pomazos.

Drion. ¡Ay, santa Catalina! ¿no nos darás huelgo? veréis qué encapotado viene.

Brum. ¿Qué es de la vieja ruin, que no creo en tal, si no hago con ella un hecho hazañoso que sonado sea? ¿Dónde está?