Drion. Gallito, ¿no olvidas tus mañas? Donde quiera que me tomas, ora en público, ora en secreto, no miras más. Subamos arriba, no nos tome Celestina en el hurto, como me contaste que Vulcano tomó á Mars y á Vénus.
Escl. En este caso, siguo la opinion de los filósofos cínicos; pero vamos.
Drion. ¡Ay bellaquillo! ¿quitándote vas las agujetas?
Escl. Sí, par Dios, sube presto.
¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA
DEL SEGUNDO ACTO.
Con encubiertas de gran artificio habla Celestina á Roselia con muy poca ayuda de la vecina, y acabado con ella que siquiera se vea con Lisandro, se despide; Roselia finge que está mal dispuesta; Melisa, su doncella, entiende todo el hecho.
CELESTINA. — MARIVAÑES. — MELISA. — ROSELIA.
Cel. ¡Ay Dios! ¿si es aquella que veo ir por la cuesta arriba, Eugenia, la madre de Roselia? Ella es; por los santos de Dios, bien está, todo se adereza, alégrate, Celestina, que el precio de la ropa blanca será la sangre de aquella inocente; ¿llamaré, pregonaré mi axuar? mejor es allegarme á aquella vecina con quien me entiendo, la que yo encubrí con el abad en mi casa asaz veces, ahí fingiré que vendo cotones de Valencia, y ella, por via de vecindad, puede llegarse á Roselia si quiere comprar algo de esto, que viendo la curiosidad y valor de todo ello, como muestra estar hecho con sotiles manos, no dexará de llamarme y yo entrar segura; señora, amiga, Dios mantenga.
Marivañes. ¡Oh madre Celestina! seas muy bien venida, que deseo tenía ya de te ver.