Cel. Calla, que mañana nos verémos más despacio, agora óyeme dos palabras: has de saber que con achaque de trama vengo á buscar la hija de nuestra ama Eugenia, que me lo encargó mucho aquel caballero que fué mantenedor en las justas pasadas, el que te dixe, y así me lo paga cierto mejor que me lo pagó el abad cuando andaba tras tí y te hablé en ello.
Mar. Mucho va de Pedro á Pedro.
Cel. Por tanto, pues eres vecina, llégate allá y diles si quieren algo de esto, que en la mesma moneda te lo pagaré cuando no te catares.
Mar. Que me place en buena fe; tha, tha, tha.
Melisa. ¿Quién está ahí?
Mar. Doncella, decí á la señora moza que está aquí la corredora que me vendió unos volantes y trae cosas muy galanas y ricas de ropa blanca, si quiere algo su merced.
Mel. Sí diré.
Ros. ¿Quién es, Melisa?
Mel. Señora, una mujer que trae lindas cosas á vender, y obras tan bien labradas, que parece que así se nacieron; allí viene una gorguera muy polida, suplícote, señora, me la compres.
Ros. Dile que entre en ese portal, yo me pararé á la ventanilla de la escalera.