Cel. ¡Ay señora! y ¿qué mal es, ó qué pecado, si con mi vista y palabra puedo dar la vida al doliente, consentir que me vea y hable? Y áun es obra de perfeccion dar industria y forma para ello.

Ros. Si no es más de eso, cosa sancta y buena es.

Cel. ¿Y cómo sancta? lo contrario hacer sería pecado mortal, porque cualquier que puede á otro salvar la vida sin pecado ó notable peligro suyo, y no lo hace, peca; cuanto más que entre las obras de misericordia es dado consejo que visitemos los enfermos.

Ros. Por cierto que lo haria no más de por ser servicio de Dios, sino que temo mi peligro, que al fin la estopa cabe el fuego presto prende.

Cel. Donde la razon y virtud enseñorean y reinan como en tí, en balde ladra el sensual apetito, y puesto que peligro de alguna liviana tentacion hubiese, no por eso te excusas, que de dos males inevitables el ménos empecible se ha de elegir, que del mal siempre se debe escoger lo ménos, dicen, y pues mayor mal es ser tú homicida que tentada, manifiéstase claro que eres obligada á dalle remedio, ni pienses que te perjudica aquel señor en amarte con tan ardiente deseo, yo pondré á que me corten la lengua que no lo hace á mala fin, es una bendicta criatura, un ángel en limpieza, una dama en condiciones; no es otra cosa, sino como te vió á tí, que eres otro que él en gracias y hermosura, que á la verdad algo os pareceis en la fisionomía del rostro, aficionóse á amar á su símile, ca toda cosa ama su semejante y tambien que lo hermoso atrae á sí los ojos de todos y mueve los corazones delicados y tiernos á su amor; yo juraré que en solo verte y tener una poquita de conversacion honesta contigo quede contento, y tú satisfecha de la obligacion que tienes á socorrer al enfermo; cuanto más que una poca de recreacion con virtuosas personas como lo es Lisandro, virtud es, llamada Eutrapelia de los filósofos.

Ros. No quiera Dios que por mi causa muera ese señor que dices, que no fuera yo tan cruel para él si me constára de su buena intencion y limpio motivo como agora.

Cel. Pues, señora mia, da forma que de noche te hable, porque no seais sentidos, que hoy dia las gentes, por nuestros pecados, son llenas de mil sospechas, juzgando lo exterior y no entendiendo los secretos y misterios de Dios.

Ros. Quédese para el juéves en la noche, dadas las once.

Cel. ¿Por qué lugar?

Ros. Por las ventanas de esta mi torre que salen á dar al alcázar.