Cel. Abrí, hijas.
Drion. Esclarabel, baja presto, y véte por el lugar acostumbrado, que mi tia viene.
Esclarabel. Pues, amores, como digo, en dándome el Conde librea te daré esta capa, de que hagas un sayuelo.
Drion. Como tú quisieres, pino de oro.
Cel. ¿No os he mandado que mientra no estuviere hombre en casa estén las puertas de par en par abiertas, y vosotras al umbral sentadas? creo que por demas es la citola en el molino. ¡Ah! malditas seais si no me teneis podrida de enojo; en mi dicha cabe que jamas ceso de daros consejos. Landre que os mate, si no os ven ni oyen no os conocerán, y si no os conocen nadie vendrá á vosotras. La taberna por el pendon se conoce, y sin pendon nadie acude allá á comprar vino. El caminante extranjero no acierta el meson sino por la tablilla ó la señal colgada. Bien me entendeis, una arriba y otra abaxo; si Libia se ocupó con Polo, ¿por qué tú, Drionea, no baxaste á dar recabdo á los que vinieren, y respuesta á los que me buscaren?
Drion. Ya decendia, que me estaba componiendo, no hayas enojo, que todo se hizo lo que me mandaste.
Cel. ¿No te he dicho que cuando no hobiere tiempo de afeitarte tomes una toca y te la reboces fingiendo dolor de muelas, y te cobijes esa mantillina colorada? Medio desnuda, medio vestida, los pechos de fuera con un disimulado descuido en faldetas como éstas, no hay tal para provocar á luxuria los hombres. En Dios y en mi conciencia, que cuando yo era moza como vosotras, mi desenvoltura, mis meneos del cuerpo, mi requiebro de ojos, mi dulce y delgada voz bastaba para incitar los castos, aunque hermosura me faltára. Pues ¿quién vino á buscarme?
Drion. Siete personas cuando ménos.
Cel. ¿Quién?
Drion. La mujer del sastre envió acá, que el sábado de mañanita va á la vega, por tanto que avises al estudiante por quien la hablaste, que madrugue.