Cel. Mirad la descarada, quedó con el otro ese dia de venir á mi casa disimulada, y hace conciertos con estotro, ¿que no habia tiempo para todo? Di adelante.

Drion. El doctor viejo envió su paje á saber si hablaste á la hija de la lavandera.

Cel. ¡Oh! que se me olvidó; acuérdamelo mañana. Di más.

Drion. La beata aquella muy penitente te estuvo buen rato aquí aguardando, y como no venías, rogóme que te encargase mucho que estovieses con aquel su devoto, de quien hobo el hijo, y que le dixeses en secreto, que pues Nuestro Señor tuvo por bien darles aquella criatura para su servicio, que envie faxas y mantillas para envolver al niño y dineros para pagar el ama, ó que lo dé á criar.

Cel. Importuna mujer, ¿ya no le dió eso y esotro, y el su capirote raido por cobija?

Drion. Tambien aquella doncella que tuvimos aquí de parto, la que sacó el teólogo, vino llorando que por caridad le digas, pues es hombre de conciencia, que lo haga bien con ella, y que se acuerde de lo que le es en cargo.

Cel. Di, que eso yo lo sé bien.

Drion. El mozo del bachiller vino que vayas á la tarde á echar una melecina á un su popilo.

Cel. ¿No le he dicho que mientra mi comadre Clara viviere que la llamen? porque yo no quiero hacerle mal en su oficio, que es mi amiga.

Drion. Dice que está mala de los ojos de una siringada que le soltó un escolar al tiempo que sacaba el cañuto, que, como le mirase unas almorranas que tenía para se las curar, el estudiante, no pudiendo retener el puxo, suelta y rocíale aquellos hocicos y ciégale los ojos.