Cel. ¡Ay bobo! ántes que tú nacieses entendia yo esas malicias; quiere que se lo diga para ganar por la mano las albricias de aquel que en el triunfo de sus locuras no estima el gasto.

Olig. ¿No dices, madre?

Cel. Cerca estamos, ahí lo oirás.

Olig. Dígolo, porque si ruines nuevas traes no te cumple parecer ante los ojos de aquel desabrido, ni ménos yo iré con esa embajada, no quiebre sobre nosotros el enojo que tiene de la pasion que le dan sus amores; que los corazones apostemados con ira, con poco cauterio brotan su venino en los primeros encuentros sin esperar más razon.

Cel. Otra vez á doce.

Fil. Señor, señor, Celestina.

Lis. Daca esas ropas de martas cebellinas, saldréla á recibir. ¡Oh Dios! ¿con qué viene?


¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA
DEL SEGUNDO ACTO.

Apénas puede creer Lisandro la buena nueva que Celestina le trae de su señora; y sobre esto pasa con ella y con sus criados muchas cosas llenas de donaire. Despídese Celestina de Lisandro para ir á hallarse en el pleito de Angelina. Todavía el gran celo de Dios incita á Eubulo á decir sus sanctas y buenas razones á Lisandro, aunque sabe que ha por ello de ser afrentado del embobecido su amo.