CELESTINA. — LISANDRO. — EUBULO. — OLIGIDES. — MOZA.
Cel. Metámonos dentro, señor mio, no estemos aquí en la calle dando cuenta á los que pasan, que bien es que vivamos cautamente, pues castamente no permite esta negra carne; allá sabrás bueno ó malo, ó lo que fuere.
Lis. Señora mia, ó afloja ya sin más tardar el cordel que de rato en rato con estrechos estirones de temor y desconfianza acorta el huelgo de mi vivir, ó dame presto garrote, que más tormento me es la esperanza de tu palabra, que las prisiones que sostengo.
Cel. Dime, señor Lisandro, ¿qué merece la que hoy en este dia aventuró la vida en tu servicio?
Eub. Algo de bueno trae la madre, encarecérselo quiere primero que lo diga.
Olig. Su costumbre es jamas meter aguja sin sacar reja.
Lis. Mucho por cierto, si de la fuente de mi mal trae alguna esperanza de mi bien.
Cel. ¿Y si la trayo?
Lis. Júzgote por Dios, pues por ninguna via podemos parejarnos con los dioses inmortales, dice el gentil Ciceron, como dando salud á los mortales.
Cel. A sus trece torna este necio; ¿qué cómo yo de eso?