Cel. La suma de ello es que el juéves á las once de la noche Roselia te saldrá á hablar por las ventanas traseras de su torre que miran al alcázar.

Lis. ¿Qué dices, señora? ¿Qué dices, salvacion mia y bien mio? Tórname á decir eso, explícate más, quizá entendí mal, ó trastroqué las palabras, ó mi poca advertencia causó poco entendimiento, ó mi mucha aficion hizo que el disfavor de aquella princesa que enxerido traes en tu razon, echase á la mejor parte.

Olig. Está el diablo desbabado oyendo, y dice que no tiene atencion.

Cel. Algo merece la que tan buen recabado trae, que si el sesgo no llevára el córte de mi razonar á remate, iba perdida.

Lis. Señora Celestina, único remedio y reparo de mi desahuciada salud, declara y repite esa autorizada sentencia, que no la entendí.

Cel. Pasado mucho intervalo de tiempo, y usando yo de mis artes cautelosas y fingidos rodeos, acabé con Roselia que te viese por do te dixe, haciéndole entender que tocaba al servicio de Dios ver y hablar al que con su vista y palabra recuperaria la vida.

Lis. Mozos, ¿estais ahí?

Olig. Sí señor.

Lis. ¿Qué dixo la señora?

Olig. Que Roselia, dadas las once de la noche, saldrá á las ventanas de su torre, y que ahí la hablarás.