Lis. ¡Oh, cómo temo no me acaezca agora algun infortunio ó desastre! que la fortuna así suele usar de sus casos falaces con los que en prosperidad pone y en alta cumbre como á mí, de manera que cuanto más alto los sube, tanto más baxo lo derrueca y abate; rueda es de fortuna no permanecer en un sér.
Olig. Por ende es buen aviso, señor, pensar hombre consigo todos los males que le pueden suceder, y estar apercebido con sufrimiento, porque si alguno sucediere no le halle desarmado y desproveido de paciencia, ántes dé gracias á Dios que no le sobrevinieron todos aquellos males que él pensados tenía.
Eub. ¡Oh! cuánto sería mejor dejar esas vanidades y contemplar la brevedad de la vida y el fin y remate de ella, que al fin pasa la gloria de este mundo y sus deseos y cobdicias. Mas, ¡oh desvarío de los hombres! da voces el clarísimo orador y poeta Petrarca, nadie hay que esto no sepa, y esperan enmienda con dilacion de la vida fingiendo entre sí que están léxos de la muerte, la cual el tiempo breve, la vida corta, las muchas desventuras y fortuitos acaecimientos la hacen vecina y muy cercana á nosotros; así es el mundo y el engaño de los vivientes, que mientra luengo espacio de vida, á sí mesmos prometen pensando vivir los años de Nestor, ó que les sucediera la dicha de Metello, ó que la natura les será madre más piadosa que á los otros, á deshora la triste y congoxosa muerte les acomete sin apercibimiento. Mira, señor, que aquel vivió, dice Marcial á su amigo Posthumo, el que ayer vivió, que de hoy no tenemos certinidad. Teme á Dios y acuérdesete de aquella palabra digna de ser escripta con letras de oro, por ser de aquel gentil Valerio, que la ira de Dios procede en su venganza de espacio y á pasos contados, y la tardanza la recompensa con graveza del castigo.
Lis. Oligides, di á ese sandio que calle si no quiere palos, que, por Dios, creo que ha de reventar un dia de éstos de mucha devocion. Y mira si está aderezado, que quiero comer.
Olig. Voy, señor. Anda acá Eubulo, que eres menester.
Eub. Ya, ya, á buen entendedor pocas palabras.
¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA
DEL SEGUNDO ACTO.
Va Celestina con Angelina á pleito ante el Provisor, juntamente con los testigos y Procurador. Despues de largas disputas con el letrado, el Provisor absuelve á Sancias, estudiante, de la demanda que por Angelina le fué puesta sobre caso de ser su esposo y marido. Está llena esta cena de mucha doctrina, y no ménos de gracias y donaires.
CELESTINA. — ANGELINA. — TESTIGOS. — PROVISOR. — PROCURADOR. — SANCIAS. — LETRADO.