Escudero. ¿Qué buscais, señora Lozana? ¿hay en que pueda el hombre servir á vuestra merced? mirá por los vuestros, y servíos dellos.
Loz. Señor, no busco á vos, ni os he menester, que teneis mala lengua vos y todos los desa casa, que parece que os preciais en decir mal de cuantas pasan, pensá que sois tenidos por maldicientes, que ya no se osa pasar por esta calle por vuestras malsinerías, que á todas quereis pasar por la maldita, reprochando cuanto llevan encima, y todos vosotros no sois para servir á una sino á usanza de putería, el dinero en la una mano, y en la otra el tú me entiendes, y oxalá fuese ansí; cada uno de vosotros piensa tener un duque en el cuerpo, y por eso no hay puta que os quiera servir ni oir, pensá cuánta fatiga paso con ellas, cuando quiero hacer que os sirvan, que mill veces soy estada por dar con la carga en tierra, y no oso por no venir en vuestras lenguas.
Esc. Señora Lozana, ¿tan cruel sois? ¿por dos ó tres que dicen mal nos meteis á todos vuestros servidores? catad que la juventud no puede pasar sin vos, porque la pobreza la acompaña, y es menester ayuda de vecinos.
Loz. No digan mal, si quieren coño de balde.
Esc. Señora, mirá que se dice que á nadie hace injuria quien honestamente dice su razon, dexemos esto. ¿Dónde se va que gocés?
Loz. A empeñar estos anillos y estos corales, y buscar casa á mi propósito.
Esc. ¿Y por qué quiere vuestra merced dexar su vecindad?
Loz. Señor, quien se muda Dios lo ayuda.
Esc. No se enmohecerán vuestras baratijas, ni vuestras palomas fetarán.
Loz. No me curo, que no soy yo la primera, las putas cada tres meses se mudan por parecer fruta nueva.