Esc. ¡Oh qué preciosa es este diablo! yo queria expedir gratis, mas es taimada andaluza, y si quiere hacer por uno, vale más estar en su gracia que en la del gran Soldan. Mirá cuál va su criado tras ella; adiós, Zarpilla.

Ramp. Me recomiendo, cavallero: el cavallo no se comprará ogaño, piensan estos puercos revestidos de chamelotes hidalgos de Cantalapiedra, villanos, atestados de paja cevadaza, que porque se alaben de grandes caramillos, por eso les han de dar de cavalgar las pobres mujeres; voto á San Junco, que á éstos yo los haria pagar mejor, como dixo un loco en Porcuna, este monte no es para asnos.

Julio. ¿Qué es eso, Rodrigo Roido? ¿hay negocios? ¿con quién las habeis?

Ramp. No, con nadie, sino serviros; ¿habeis visto la Lozana?

Jul. Decí vuestra ama, no os avergonceis, andá, que allí entró, hacelda salir, que la espero, y decí que le quiero dar dineros, porque salga presto.

Talillo. ¿Quién es?

Ramp. Yo só; ¿está acá ella?

Tal. ¿Quién ella? decid, duelos os vengan, vuestra ama la señora Lozana, y esperá, cabron. Señora Lozana, vuestro criado llama.

Loz. Abrildo, mi alma, que él no habrá comido, y veréis cuál lo paro.

Tal. Sube, Abenamar.