Loz. Señor, diré: como forastera, la tierra que me sé por madre me la hé, cierto es que hasta que vea, ¿porque no le tomaré amor?

Maestr. Señora, vos sois tal y haréis tales obras, que no por hija, mas por madre quedaréis desta tierra; vení acá, mancebo, por vuestra vida, que me vais á saber qué hora es.

Loz. Señor, ha de ir comigo á comprar ciertas cosas para casa.

Maestr. Pues sea desta manera: tomá, hermano, veis ahí un ducado, id vos solo, que hombre sois para todo, que esta señora no es razon que vaya fuera á estas horas, y vení presto, que quiero que vais comigo para que traigais á esta señora cierta cosa que le placerá.

Ramp. Señor, sí.

Maestr. Señora, por mi fe, que tengo de ser vuestro, y vos mia.

Loz. Señor, merecimiento teneis para todo, yo, señor, vengo cansada: ¿y vuestra merced se desnuda?

Maestr. Señora, puédolo hacer, que parte tengo en la cama, que dos ducados dí á Trigo para pagalla, y más agora, que soy vuestro yo y cuanto tengo.

Loz. Señor, dixo el ciego que deseaba ver.

Maestr. Esta cadenica sea vuestra, que me parece os dirá bien.