Loz. Señor, lo que Trigo prometió yo no lo sé, mas sé que me dixo que viniese acá.

Canón. ¡Oh, señora! ¿y sois vos la señora Lozana?

Loz. Señor, sí, á su servicio y por su bien y mejoría.

Canón. ¿Cómo, señora? seríaos esclavo.

Loz. Mi señor, prometéme de no dallo en manos de médicos, y dexá hacer á mí, que es miembro que quiere halagos y caricias, y no crueldad de médico cobdicioso y bien vestido.

Canón. Señora, desde agora lo pongo en vuestras manos, que hagais vos lo que, señora, mandáredes, que él y yo os obedecerémos.

Loz. Señor, hacé que lo tengais limpio, y untaldo con pupulion, que de aquí á cinco dias no ternéis nada.

Canón. Por cierto que yo os quedo obligado.

Cort. Señora, y á mí, para la madre, ¿qué remedio me dais?

Loz. Señora, es menester saber de qué y cuándo os vino este dolor de la madre.